El sueño

La montaña es el espacio donde nosotros, los apasionados, vivimos nuestras vidas y compartimos experiencias con la gente que queremos, y esto nos hace progresar como escaladores pero sobre todo como personas. La montaña juega un papel muy importante en nuestra familia, siempre ha sido así, desde mucho antes de que yo (Tasio) naciese. Yoli y Joseba realizaron varias expediciones al Himalaya, Andes… pero decidieron afrontar un nuevo reto: tener un hijo. Fue entonces cuando descubrieron nuevas formas de disfrutar de la montaña, ahora en cordada de tres. Primero yo en la mochila, después en la bici con sillita…

A medida que iba creciendo íbamos explorando nuevas actividades, como descensos en canoa de varios días y travesías en bicicleta que realizamos en Francia y Chequia, siempre en total autonomía.

Después de varios años de ríos y bosques, las cimas volvieron a tomar protagonismo, haciendo despertar sensaciones que llevaban una década ivernando. Comenzamos con tresmiles míticos del Pirineo (Aneto, Vignemale en invierno…), y de ahí nos fuimos a los Alpes, Ecrins. Eran nuestras primeras vías de escalada en cordada de tres, nuestras primeras cimas importantes… El mismo recorrido que de jóvenes habían hecho mis padres lo estábamos ahora haciendo en familia los tres juntos.

En 2010 viajamos a Nepal e hicimos el trekking del Everest. Durante el trekking subimos un par de cimas de hasta 5.600m, con unas vistas increíbles de los montes mas altos del planeta, pero lo más impresionante fue estar en el campo base del Ama Dablam, debajo de aquella montaña elegante como ninguna otra alzándose ante nosotros. Yo me enamoré al instante, y supe que algún día intentaría escalarla; lo que no sabía era que iba a ser tan pronto.

Mis padres ya habían estado allí en el 95 con Iñaki Garcia, Iñaki Unanue y Bittor Artola; mi padre tuvo que volver al campo base porque se le cayó la mochila en un desgraciado descuido, y Bittor se dio la vuelta por encima del C3. Yoli hizo cima junto a los dos Iñaki, lo que supuso la primera ascensión del Ama Dablam por una mujer vasca, y probablemente la primera estatal. Joseba, en cambio, se quedó con la espinita clavada de no haber podido escalar hasta la cima.

Mi atracción por la montaña fue la que me hizo proponer la idea de ascender el Ama Dablam, y las ganas de volver a intentarlo de aita fueron las que le empujaron a ni siquiera dudar en la respuesta. Y aquí estamos, embarcados padre e hijo en un proyecto de escalar la que para muchos es la montaña más bella del mundo.